La noche de las lágrimas, informe de batalla


Este artículo retrata los acontecimientos transcurridos en la infausta noche de las lágrimas, un episodio trágico en la historia de los Lamentadores. En el 812 del M41 los Lamentadores enviaron media compañía para saldar una vieja deuda de honor con la dinastía Lan, unos poderosos Rogue Traders que les habían ayudado en más de una ocasión. Los hijos de Sanguinus embarcaron en el Lamento de Falon para escoltar a Kazandus Lan en el que habría de ser su último viaje.

En el largo periplo por Jericho, una región del espacio abandonada durante milenios y que estaba intentando recuperar el Imperio los Lamentadores se enfrentaron a los esclavos de los poderes ruinosos, desembarcaron en La Somne con intención de recuperar una reliquia de la Edad Oscura de la tecnología pero los Guerreros de Hierro se habían atrincherado en aquel planeta e hicieron imposible tomarlo. De modo que continuaron avanzando, lejos del resto de capítulos imperiales, para evitar que su mala fama jugara en su contra.

Dos semanas después de el desembarco fallido de La Somne el Lamento de Falon halló un planeta corrompido por el señor de las plagas, una colmena que antaño fuera conocida como Neolevantinum y que ahora era el jardín de los deseos de Nurgle. Los Lamentadores enviaron sus fuerzas a la supeperficie, la colmena tenía tres reactores nucleares que, activados a la vez, purgarían el infecto planeta.


Iba a ser difícil tomar ese punto, al mando de la horda de pútridos cadáveres estaba nada menos que el infame Typfus, el elegido de Nurgle. El Capitán Malakin Phoros, recientemente ascendido, diseñó una maniobra de flanqueo para tomar los tres puntos, con suerte despejarían la amenaza no-muerta de las sucias calles de Neolevantinum.

Los astartes de dorada armadura se atrincheraron en sus posiciones, los corazones sangrantes al hombro, los bólters y las espadas desenvainadas, en la lejanía un aullido se propagaba entre la marea tambaleante de carne.


Typhus se lanzó contras las filas de Lamentadores en una lenta carrera que duró siglos, los ejércitos de infectados comenzaron a absorber el fuego de los Astartes, caían y morían para volver a levantarse. Aún así los Lamentadores avanzaron hasta tomar el reactor más cercano con limpieza, cubriendo su avance de cadáveres.

Kazandus Lan y su séquito de tripulantes avanzaban en un chimera hacia el objetivo más lejano de todos, su éxito era fundamental para la misión e intentarían alcanzarlo a toda coste, aunque por el camino se interpusieran las mismísimas doncellas de Nurgle.


Los exterminadores de la Guardia de la Muerte eran la escolta personal del traidor y fueron el primer objetivo de los Hijos de Sanguinius, los devastadores de los Lamentadores concentraron el fuego sobre ellos al tiempo que los Exterminadores leales se materializaban tras ellos con una mirada de odio flamígero en sus rostros.

Desafortunadamente para los leales, las hordas avanzaban y entre ellas se destacó una enorme unidad de engendros encabezada por el favorito de Typhus, su aprendiz, un renegado que había dejado atrás el honor y se había unido a su legión de condenados.


Cuando los exterminadores de la Guardia de la Muerte cayeron y habiando tomado el primer reactor la batalla parecía favorable a los Lamentadores, los exterminadores de los Lamentadores, expertos en limpiar pecios espaciales, se habían ocupado de purgar un flanco y ahora se acercaron al archi-hereje para ejecutarlo, de ello dependía la misión.

Por otro lado, las cosas empezaban a torcerse, las doncellas de Nurgle se propulsaron con sus alas marchitas hacia Kazandus Lan y destrozaron su chimera con una descarga afortunada de sus rifles de fusión, cuando la tripulación del Lamento de Falon puso pie en tierra las arpías se lanzaron a por ellos dejando una estela de podredumbre tras de sí.



Los cinco exterminadores hundieron sus armas en el cuerpo plagado de enfermedades de Typhus, abriendo profundas heridas sobre su carne, cortando, tajando y segando pero Typhus se mantuvo en pie. Con un amplio giro de guadaña segó las cinco vidas a la vez en un golpe que puso fin a cualquier oportunidad de victoria, Typhus, malherido y cubierto de sangre y pus caminó hacía el reactor.

Desde ese momento todo estaba perdido, la maldición de los Lamentadores les había condenado, una vez más. El capitán Phoros iba cercenando y decapitando, matando a su paso una horda de zombies tras otra, pero aunque consiguió tomar el control del segundo reactor la batalla estaba perdida.

Con horror y amargura retiró a sus tropas del combate salvando a cuantos hombres fuera posible y aunque encontró el cuerpo con vida de Lord Kazandus Lan, a quien debían proteger, descubrió que había enfermado y unas llagas enormes cubrían su piel.


Dejó atrás Neolevantinum, abandonándolo en manos de la plaga, una plaga que, quizás, se hubiera llevado con él. Phoros había fallado dos veces, a su deber y a su juramento y en esta región del espacio maldita no quedaba nada más por lo que luchar.

De los oscuros acontecimientos que ocurrieron tras La Noche de las Lágrimas poco se sabe, pero sí que ésta no sería la última batalla de los Lamentadores en Jericho Reach.

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3 comentarios

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2 de noviembre de 2016, 13:25 ×

Muy buen informe de batalla, como siempre. Lástima que los Lamentadores jueguen bajo su maldición, pero en fin, ese es su sino. Me ha encantado el título :)

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2 de noviembre de 2016, 15:09 ×

Siiii Thypus, este personajillo hizo que me gustara el mundo de warhammer, mi personaje especial favorito, un exterminador con guadaña, psíquico y que levanta a los muertos, nada puede con el,ni esos pollos amarillos hijos de un guaperas con alas.

El informe de batalla genial relato. Me ha encantado.

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